GALERIA
De lugares, espacios y momentos que pasaron, de los que aún existen y de los que quedaran siempre presentes.
No es una galería de fotos, aunque eso fue lo que me propusieron hacer a partir del material que utilizo en clase. No lo es por dos motivos: el primero – y más notable- es porque no tienen la calidad que requieren las fotos de una muestra, yo nunca fui un buen fotógrafo, simplemente me entusiasmo con lo que veo y disparo; el resultado es una mezcla de arquitectura, ciudad y emoción; además fue premisa utilizar solamente fotos que yo hubiera tomado.
El segundo motivo es que son fotos que utilicé muchas veces en mis clases de historia y teoría de la arquitectura, o en conferencias sobre el tema. Por eso creo que puede ser más interesante -o atractivo- el comentario teórico o la respuesta de algún estudiante que la imagen misma. Además, como ya lo comenté, detrás de cada foto hay un contexto, un momento, una emoción, que es lo que quisiera transmitir con la “galería” y no imágenes de edificios o de ciudades que ya conocemos o podemos ver en fotos de mejor calidad en libros o en la web.
Porque el objetivo de una clase o una charla sobre teoría e historia de la arquitectura es despertar el cariño por lo construido: ciudad o arquitectura, que es despertar el cariño por nuestros lugares y nuestra vida en ellos.
Juan Carlos Pérgolis
enero 2023
Escuela Nº2, Prof. Andrés Ferreira. La Plata, Argentina
La escuela Nº2 de La Plata pasa desapercibida en la ciudad, nada en ella llama la atención del caminante… es una escuela más de las tantas que se construyeron en los primeros años del siglo XX. Sin embargo, para quienes vivimos la infancia en sus aulas y patios, encierra la magia de haber transformado espacios sin emoción en lugares maravillosos, en escenarios de mil relatos que hoy son patrimonio de muchas memorias. Esa es la magia que encierra la arquitectura: convertir los espacios en lugares, en nuestros lugares.


Iglesia de la Trinidad. Cartagena, Colombia
Vista desde la altura, la iglesia de la Trinidad parece dormir su letargo colonial en el calor ardiente de la tarde cartagenera, entre la exaltada vegetación tropical y los altos y blancos edificios del antiguo barrio de Manga, donde a diario se demuele una mansión republicana para construir uno de estos aburridos monumentos. Pero vista desde la calle, cuando llega la noche, la Trinidad es el centro de un mundo alucinante. Allí, en la plazuela que la antecede vecinos y turistas se encuentran en la ruidosa multitud que no duerme y vive la alegría de la ciudad.
Santa María del Naranco. Oviedo, España
En Asturias los días de invierno son muy cortos. La tarde oscura amenazaba lluvia y quería caminar hasta Santa María del Naranco, palacio del rey Ramiro I, después convertido en iglesia. Llegué con las primeras gotas y la última luz del día. Desde uno de los miradores de los extremos del salón veía caer la lluvia, imaginaba a San Miguel de Lillo, la original iglesia palaciega, estrecha y empinada, muy cerca, detrás de la cortina de lluvia, más allá de la arboleda.
Se que los días de sol en Asturias son luminosos y brillantes, pero en mi recuerdo, Santa María del Naranco, esa maravilla de la arquitectura prerrománica flota en el ambiente opaco y frío del invierno en la campiña cercana a Oviedo.


Museo de la biodiversidad. Ciudad de Panamá
Frank Ghery, con su arquitectura, deconstruyó el concepto de museo en el Guggenheim de Bilbao y creó una nueva monumentalidad. Cuando intentó hacer lo mismo con el Museo de la Biodiversidad, se filtró la alegría panameña y el resultado es fantástico, una cascada de colores, de formas y de espacios contienen y muestran la naturaleza y la historia de la vida natural en el istmo. Lo hace allí, en la estrecha franja de tierra y piedra removidas de la construcción del canal, una calzada que unió la tierra firme con tres pequeñas islas en el Pacífico.
Casa en ruinas en Ortahisar, Turquía
Allí, donde nosotros vemos los infinitos relatos de la memoria, el Ángel de la Historia ve catástrofe, él quisiera despertar a los muertos y recomponer los destrozos, escribió Walter Benjamin. Pero la tempestad es tan fuerte que lo impulsa hacia el futuro. Lo que llamamos progreso es justamente esa tempestad.
Ante la ruina no podemos evitar la emoción, no conocemos los relatos que encierra, pero están allí dándole dignidad a los restos. Sabemos también que el progreso demolerá lo poco que queda de la ruina para construir, tal vez un hotel de varias estrellas o un centro comercial para vender artesanías a los turistas que pasan por Capadocia… porque en toda la historia, la humanidad pasó por Capadocia.


Sant Juliá de Boada. Cataluña, España
En mis años de estudiante leí a Chueca Goitia, desde entonces me obsesionaron los invariantes castizos que él señaló en su libro y los busqué en los grandes edificios españoles e iberoamericanos, aunque el mejor ejemplo lo encontré en la pequeña ermita de Sant Julià de Boada, en el Bajo Ampurdán, tal vez anterior al año 900: el arco de herradura, que aluciné en la gran Mezquita de Córdoba pero Chueca nos mostró que era ibérico; la compartimentación espacial que buscaba en las grandes catedrales del gótico español pero podía ver en la secuencia de los pequeños espacios de Sant Julià; todo, todo estaba allí en los pocos metros de esta construcción prerrománica
Battyhany Ter. Budapest, Hungría
En las ciudades hay lugares que nos atraen por la belleza de sus construcciones, por su implantación estratégica o quizás porque en ellos podemos reconocer algún momento de su historia; aunque por las noches desaparecen esos rasgos y solamente hay magia. En Budapest, en la margen montañosa de Buda se encuentra la plaza Battyhany; un cuidado jardín rodeado de ciudad por tres de sus lados y abierto al Danubio por el cuarto. Más allá del río; la fachada del parlamento húngaro, en la ribera de Pest, es un maravilloso telón de fondo.. De noche no hay nada de eso… la plaza es un mágico pozo de luz que se derrama por las calles y por la ribera del Danubio.



Hotel Estelar. Villavicencio, Colombia
Para quienes fuimos acompañados por el movimiento moderno en arquitectura durante nuestros años de universidad, nos quedó una fuerte emoción ante las formas geométricas, emoción que hoy es una mezcla de nostalgia y seducción. Dicen que cuando un estímulo externo toca alguna percepción guardada en el inconsciente se forma la imagen y se puede comunicar la memoria: el hotel Estelar de Villavicencio fue el estímulo que me trajo los recuerdos. Cada vez que me ocurre eso lo disfruto muchísimo porque revivo etapas de mi vida, momentos de mi formación, convencimientos que tuve y aún tengo. Creo que la llamada buena arquitectura es el resultado de un juicio personal y se refiere a esa arquitectura que es un estímulo para revolver lo guardado en el inconsciente.
Casa de Mayólicas y Casa de los Medallones. Viena, Austria
En Viena, en la calle Linke Wienzeile, hay, juntos, dos edificios de Otto Wagner: la Casa de los Medallones y la Casa de Mayólicas; ambos muestran el gran paso hacia la modernidad que produjo la Secesión Vienesa a fines del siglo XIX. Me refiero al código de fachada que muestra la estructura del edificio sin elementos que desvíen o confundan la lectura; el plano del muro, la forma y el ritmo regular de las ventanas expresan el sistema constructivo. Pero entre ambos edificios hay una notable diferencia. La Casa de los Medallones mantiene en sus fachadas ornamentos en relieve de la tradición Art Nouveau: hojas y ramas, medallones con rostros femeninos; el frente de la Casa de Mayólicas es un plano perfecto, continuo y sin relieves forrado con baldosas (mayólicas) con motivo floral. Es el paso de valores táctiles a valores visuales, señaló Leonardo Benevolo en una cita a Riegl.



Plaza del Comercio. Lisboa, Portugal
Lisboa se extiende sobre el rio Tajo y una punta de la mancha urbana llega al océano. Pero toda Lisboa huele a Atlántico; es una ciudad de mar, de marineros, de comerciantes y la Plaza del Comercio que se abre grandiosa al Tajo representa todo eso intangible que encierra el olor a océano, porque la Plaza fue la puerta de entrada a Lisboa, el lugar de los barcos mercantes, los vectores del comercio mundial de Portugal. Esa presencia intangible del mar es el mayor patrimonio de este espacio urbano, más allá de los edificios que lo rodean como una piel continua, más allá del arco que lo une a la ciudad, más allá su monumentalidad, porque la plaza nació a escala del mundo y de la ambición de los navegantes portugueses.
Avenida Leandro N. Alem. Buenos Aires, Argentina
Me emociona la variedad arquitectónica de la Avenida Leandro N. Alem, el llamado “Bajo” de Buenos Aires, la antigua costa del Río de la Plata, cada día más lejana por los sucesivos rellenos. Desde principios del siglo XX, cuando se comenzaron a demoler las viejas casonas que bordeaban el entonces Paseo de Julio cada nueva construcción muestra el afán porteño por asomarse al río, por mirar el mundo. La ciudad fundada entre la llanura infinita de la pampa y el plano del río sin límites, muestra aquí su mejor fachada: la de la historia que evidencia la intención de una ciudad que quiso ser parte del mundo.

Sector nuevo en Barranquilla, Colombia

Cuando era estudiante me atraían e inquietaban los proyectos urbanos de Le Corbusier: la perfecta ubicación de las torres de apartamentos, el cuidado con que los edificios se apoyan en el plano del suelo, los cruces elevados de las autopistas, la precisión y la regularidad del paisaje… pero siempre sentí que faltaba algo.
Desde mi habitación, en un hotel miro un nuevo sector de crecimiento de la ciudad: allí están las imágenes de los proyectos de Le Corbusier, la misma árida frialdad que aquí, en Barranquilla, pronto se llenará de palmeras y vegetación tropical, las mismas torres de apartamentos, hoteles y empresas; las mismas autopistas que se cruzan en un puente. Pienso en la vieja Barranquilla que cantaba Esthercita Forero con sus calles doradas por el sol y las arenas: esa era, sin dudas, una ciudad. Pienso también en el Paseo Bolívar con sus edificios Art Decó o en el barrio El Prado que nos heredó Parrish y la arquitectura llenó con sus mil lenguajes; esas eran –y siguen siendo- otras ciudades.
Pero en los nuevos sectores, al igual que en las imágenes de Le Corbusier me falta algo: me falta la ciudad.
Stalinallee, Berlín. Alemania
Un cartel de nomenclatura urbana señala la esquina de la avenida Karl Marx con la Plaza Strausberger; detrás del cartel se ve la fachada de uno de los dos edificios simétricos que marcan ese hito urbano. Pero el lugar sugiere mucho más, nos recuerda que el mundo polarizado por la Guerra Fría de mediados del siglo XX, no vio que esta avenida, la antigua Stalinallee, eje simbólico de Berlín Oriental proponía un ámbito rodeado de viviendas realizadas por autoconstrucción que iba mucho más allá de los proyectos de ciudad moderna de Occidente: no se trata del anodino plano verde con torres de la ciudad que proponía Le Corbusier sino de un espacio urbano para recorrer con plazas para el encuentro, definido por fachadas continuas que contienen el espacio. La arquitectura no es política señaló Léon Krier.


El Teatro, Marne-la-Vallée. Francia
Una mañana de invierno, en los años 80 fui a Saint-Quentin-en-Yvelines, cerca de París, a conocer el proyecto urbano de Bofill. A pesar de la calidad espacial, me impresionó la tristeza del ambiente. Otra mañana tomé el tren hacia Noisy-le-Grand, en Marne-la-Valée, quería convencerme de la validez de las propuestas urbanas de Bofill. Los Espacios de Abraxas, El Teatro y otras construcciones me parecieron menos tristes que los edificios de Saint-Quentin, pero igualmente ajenos a la idea de ciudad, quizás más escenográficos, más teatrales y tal vez por eso los habitantes más que ciudadanos parecían actores. En un mundo individualista las utopías –que son sociales- no caben, aunque sus monumentos se mantienen en pie. El mundo no se puede cambiar desde la arquitectura como creía el movimiento moderno y como siguieron creyendo algunos de los llamados posmodernos…
Edificio art deco, Barranquilla. Colombia
La arquitectura y la ciudad hacen parte de un corpus de objetos y actitudes culturales que deben ser observadas simultáneamente. El concepto de “espíritu del tiempo”, al igual que el de “gusto de la época”, que trabaja Omar Calabrese, están presentes en los espacios de la Arquitectura y la Ciudad, pero también lo están y se manifiestan en los acontecimientos de cada época.
En principio considerábamos al Art Decó como un simple ornamento geométrico aplicado sobre la piel de la arquitectura, sin embargo, es parte de un todo cultural que alcanzó a la escultura, el diseño gráfico, los objetos, los comics y la moda; e incluso se expresó a través de actitudes y comportamientos que nos recuerdan las imágenes del cine de esos años aunque podemos concluir que eran imágenes que estaban en el ambiente, en el “espíritu del tiempo” y que el cine interpretó y reprodujo fielmente.


Hochzeitsturm, Darmstadt. Alemania
No podía creer que estaba alojado a pocos metros de la Colonia de Artistas Mathildenhöhe, en Darmstadt. -Te recojemos a las 5 para ir a la TH, me dijeron. Allí daría una charla sobre ciudad latinoamericana, pero no podía dejar de pensar en las construcciones art nouveau de la Colonia de Artistas, porque fue parte de mi examen final de Historia 3, allá en La Plata hace muchos años. Lloviznaba. Entré a la Colonia por un costado, cerca de las casas de los artistas, al fondo el edificio de las exposiciones y la Hochzeitsturm cerraban el paisaje. Completamente empapado corrí hacia la torre que los artistas regalaron al Duque von Essen para su boda con Eleoneore. De pronto reparé en los árboles que bordeaban el camino: plátanos podados que levantaban sus ramas truncadas como en cualquier invierno platense, como el día del examen de Historia 3 en la Facultad de Arquitectura.
Karl Marx-Hof. Viena, Austria
Justo frente a la salida del metro me encontré con los arcos de entrada al Karl Marx-Hof, ese conjunto de viviendas obrera de la Viena socialista de los años treinta. Entré emocionado, casi corriendo y en ese momento aparecieron en mi pensamiento las escenas de Portero de noche, la obra maestra de Liliana Cavani, donde muchas escenas se desarrollan en ese conjunto. El juego de deseo y odio de la película teñía todo lo que miraba; detrás de la fachada expresionista, que desde mis años de estudiante ansiaba conocer estaban las imágenes del filme; en cada persona que cruzaba en los jardines encontraba la expresión ambigua o ansiosa de los protagonistas; mis ojos ojos se movían sobre el frente del edificio con la misma velocidad y el mismo ritmo que lo hacía la cámara de Cavani.
En clase digo –y repito- que el acontecimiento define el lugar; en Karl Marx-Hof pueden ocurrir infinitos acontecimientos detrás de sus incontables ventanas. Para mi siempre será el lugar de las escenas de Portero de noche


Centro Internacional. Bogotá, Colombia
Entre los altos edificios de Bogotá hay un vecino nuevo que aparece lentamente; se asoma con timidez pero no pasa desapercibido, por el contrario, atrae las miradas. Las torres Atrio, de Richard Rogers y Mazzanti, con sus sesenta y tantos pisos hablan otro idioma, sin embargo cada día aprenden algún modismo bogotano y a los vecinos se les pega el aire internacional del recién llegado. Así son las ciudades… asimilan todo, digieren todo, se mezclan momentos, lenguajes y estilos, ése es su encanto: caminar y descubrir esos lenguajes, esos estilos, esos momento que son la historia y el presente: la vida de la ciudad.
Las murallas de Cartagena
¿Dónde mora la vida? Se pregunta Michel Serres. La respuesta implica la invención del lugar. Algo inherente a los seres vivos en un mundo que sólo conoce la continuidad vacía de los espacios. Pero el espacio se convierte en lugar por los acontecimientos que ocurren en él, le permiten reconocerlo, definir sus límites y sentirlo propio. Residir es estar rodeado por una membrana, concluye Serres. Sin membrana no hay vida, agrega la biología.
Quería enfatizar las diferencias entre espacio y lugar, mostrar cerramientos y murallas para iniciar una clase sobre ciudad colonial. De pronto recuerdo -“Una muralla que vaya desde el monte hasta la playa, desde la playa hasta el monte, allá sobre el horizonte…” Un estudiante dice: - Lo canta Ana Belén. Otro agrega: - Es un poema de Nicolás Guillén. – Lo cantaba Quilapayún… eran los años 70, pienso.
La membrana es un límite, como la muralla de Guillén… cierra un espacio, lo convierte en lugar, crea un aquí cercano y propio y un allá distante y ajeno; protege el lugar y como en el poema –o en la canción- permite escoger quién entra y quién no. Pero la muralla es piel y la piel encierra deseos y sugiere infinitas emociones.


Casa de Victoria Ocampo, Buenos Aires, Argentina
Hoy día, en que la moda la dictan los medios y las redes, podemos decir que la emoción de ser moderno se vive por igual en el centro y en los barrios. Pero hubo una época en que la moda era patrimonio del centro. Lo mismo pasaba en el mundo occidental que veía su centro en Europa, en París… Victoria Ocampo vivió la modernidad viajando entre Europa y Buenos Aires, en su casa recibía a los amigos que llegaban del centro, es decir que llegaban de Europa: escritores, artistas, arquitectos… Esa casa, que curiosamente no es moderna, hoy es símbolo la de la escritora que resume en su vida y en sus escritos los deseos de modernidad de la Argentina de los años 20 y 30.
Casas de Madera, Estambul, Turquía
En el barrio de Kumkapi, entre dos hitos de la arquitectura: la Kuçuk Aya Sofía, la viejísima iglesia de los Santos Sergio y Baco, pionera del espacio centralizado y la mezquita del Sultán Ahmet, fantástica evolución de ese espacio bajo cúpula, aún quedan casas de madera de la época otomana.
Muchas de esas casas ya no existen, otras se restauraron, algunos diríamos que éstas últimas perdieron su encanto, que era dejar ver la amargura por el recuerdo del Imperio, que narra Pamuk: “una manera de ver la vida, una actitud mental (…) es lo que hace a la ciudad ser lo que es”.


Bocagandre, Cartagena, Colombia
Las ciudades son seres vivos, a veces sus cambios son tan fantásticos que nadie las reconocería… pero quedan huellas. Una ciudad crece encima de la anterior, que a su vez tapó otra más vieja. Un palimpsesto, dicen los teóricos del urbanismo.
Me pregunto si debajo del frente de edificios de Bocagrande se podrá encontrar el rumor de cumbia y el olor de aguardiente de la querida canción de José Barros.
De todos modos y en todas las ciudades superpuestas, en el palimpsesto, la noche en su traje negro estrellas tiene a millares.
Casa longobarda, Bassano. Italia
- Mira esa casa, dije. – Si, respondió mi amigo. - Allí vive un sastre y puso esos horribles vidrios amarillos en las ventanas. Es una casa longobarda, bueno… lombarda, concluyó. Allí estaba, junto a una carretera terciaria, quizás recorrida solo por los vecinos y los clientes del sastre, que no reparaban en la fachada de piedra tallada con pilastras de reminiscencias jónicas y en la figura femenina que se convertía en pilastra salomónica.
Tampoco reparaban en el friso casi clásico ni en las figuras masculinas de los entrepaños del primer piso. - ¿De qué época es? pregunté asombrado. - Siempre estuvo ahí, dijo mi amigo. Y agregó, - tú lo sabes, los lombardos hicieron la arquitectura del medioevo, construyeron en piedra y dejaron su sello en toda Europa.


San Andrés, Mantova. Italia
Los teóricos de la arquitectura, desde Roma hasta el Renacimiento, desde el barroco hasta el neoclasicismo estudiaron el lenguaje clásico y su gramática, señalaron elementos, palabras y letras, proporciones y ritmos. La fachada de San Andrés en Mantova, la más fantástica obra de Alberti reúne dos elementos de esa gramática y crea una nueva palabra: superpone el arco triunfal con su monumental abertura central a la estructura de un templo insinuada con las pilastas que, como columnas, llevan la mirada al frontón que corona la fachada. Algunas veces, jugar con las letras y las palabras del lenguaje clásico es hacer arquitectura, gran arquitectura.
Edificio en la manzana 189 de la Rauchstrasse, Berlín
Rob Krier se refiere al escrito de 1932 Adiós a Berlín del poeta Isherwood. Coincide con él en que la ciudad tenía dos centros, ambos falsos. Uno brillante de comercio y consumo y otro de edificios públicos monumentales de áridos estilos repetidos. Pero el corazón de Berlín estaba en el Tiergarten, ese enorme parque urbano con su denso y oscuro bosque. Allí, al sur del parque, donde hubo un sereno barrio residencial en los años de Isherwood, Krier proyectó un conjuto de viendas en una manzana de la Rauchstrasse y construyó el edificio con el arco que define el acceso al eje principal del conjunto.
La escultura que corona el arco es inquietante, intranquiliza, produce una especie de fascinación que obliga al paseante a detener la marcha y mirarla extasiado. Esos son los gestos que me maravillan de la ciudad y me hacen amar la vida en ella.

Portales en Luján, Argentina

Las ciudades con andenes o veredas cubiertas tienen un encanto especial. Más allá de los aspectos funcionales que independizan el paseo de los rigores del clima, las llamadas recovas o portales crean una atmósfera de misterio. Cuando rodean las plazas generan un ámbito de transición entre la ciudad y el espacio abierto; cuando acompañan las calles crean espacios íntimos y protegidos. Pero siempre conforman secuencias rítmicas: abierto y cerrado, lleno y vacío, luz y sombra y acentúan una dirección Es el ritmo de cada ciudad.
La solemnidad de los portales que conducen a la basílica de Luján, donde está la imagen patrona de Argentina, crea un ritmo lento que la perspectiva acelera en la distancia. Llega la procesión anual y al igual que en el interior de las iglesias de los primeros cristianos, el fiel camina solo hacia el altar, desde la distancia lo guían las calladas columnas de la nave central.
Iglesia de SanPedro Claver, Cartagena. Colombia
Durante el día, bajo el cielo de Cartagena, San Pedro Claver conforma un volumen importante en el perfil de la ciudad. Nadie mira la silueta y el perfil no importa pero la vista pasea una y otra vez por los infinitos detalles: pilastras, cornisas, arcos, esculturas.
En el largo atardecer caribeño desaparece la masa y se borran los detalles, San Pedro Claver se convierte lentamente en una silueta oscura. Hay un momento en que el cielo compite con la arquitectura, ¿cómo es el encuentro de la arquitectura con el cielo? se preguntaba Edmund Bacon.
Hay perfiles macizos que se solucionan en una línea nítida y rígida; hay filigranas que tamizan el cielo y hay perfiles inconfundibles como el de San Pedro Claver, aunque muchos dicen que lo inconfundible es el cielo sobre San Pedro Claver.



Pabellón Suizo, Ciudad Universitaria. París, Francia.
Uno de los últimos días de otoño, cuando las calles se llenan de hojas secas fui, casi en peregrinación a la Ciudad Universitaria de París. Iba a ver el Pabellón para estudiantes suizos en Francia, la obra de Le Corbusier, que fue mi modelo, el ícono admirado durante toda mi carrera.
No podía creer que lo tenía frente a mí, que podía admirar las proporciones perfectas, las formas puras y la limpieza de su planteamiento. Aún hoy recuerdo ese momento como una de las mayores emociones que me brindó la arquitectura.
Sin dudas, era la joya más importante en la vitrina de la joyería, con esa soledad que caracteriza a las obras de la arquitectura moderna, objetos aislados, nítidos, perfectos… objetos solitarios.
Plaza San Martín. Lima, Perú
Donde está la actual Plaza San Martín de Lima existieron unas pequeñas plazas, luego el hospital San Juan de Dios, más tarde unas terminales del ferrocarril; pero en el siglo XX se recuperó el ámbito y, progresivamente se rodeó con las más variadas construcciones: el teatro Colón, el Hotel Bolívar, los edificios casi gemelos de los portales, clubes y cines. Un espacio heterogéneo, como muchos espacios de muchas ciudades.
A principios de los años 90 pintaron de rojo las distantas fachadas y se logró una unidad jamás imaginada. Así se convirtió en el más notable espacio del centro de la ciudad, una monumental articulación en el recorrido de la Avenida Nicolás de Piérola, La Colmena, que junto con la Plaza San Martín introdujeron la modernidad en la ciudad de los virreyes.
Sin embargo, el color rojo duró poco: la Plaza recuperó su color tradicional y su discreta inserción en el contexto de la ciudad. Hay audacias urbanas que, aunque exitosas, son efímeras.


conjunto de viviendas en Runcorn, Inglaterra
Fueron años de ilusiones en los que todo era posible. La ciudad era nuevamente la protagonista en los dibujos de los arquitectos: gente en las calles y en las plazas, en cafeterías y lugares de encuentro, alegría, Beatles y high tech. Todo lo nuevo en arquitetura parecía llegar de Inglaterra, los escirtos de Reyner Banham, el futurismo de John McHale, las obras de los Smithson, la fantasía de Archigram. En medio de todo ese mundo estaba la arquitectura de Stirling, moderna, sensata, tecnológica.
Las viviendas en Runcorn fueron el paradigma: prefabricación pesada, concreto gris y plástico de colores. Imagen industrial del futuro sobre un perfecto trazado urbanístico. Compartían el mundo con 2001 Una odisea del espacio; también –aunque en ese momento no lo advertíamos- con La naranja mecánica.
Rosetón Norte, Notre Dame de París. Francia
Entre el románico y el gótico se modificó el sentimiento de los fieles, se forjó un anhelo por participar en la Verdad Revelada: bajo la luz gótica se contempla la ceremonia y se participa del ritual, señala Hans Jantzen. Con esta frase del historiador alemán e imágenes de iglesias románicas y góticas, comencé mi última clase sobre el tema, en 2017, en Panamá.
Tal vez hoy la comenzaría igual, pero le dedicaría más tiempo a entender el rito, que en palabras de Byul Chung Han representa y trasmite los valores que mantienen unida a una comunidad y trataría de relacionar otro pensamiento de Byul con relación a la sociedad medieval y sus iglesias en el paso del románico al gótico: Los rituales generan una comunidad sin necesidad de comunicación mientras que lo que predomina hoy es una comunicación sin comunidad.

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Puerto de La Boca. Buenos Aires, Argentina
Entre fines del siglo XIX y principios del XX, entraron por el puerto de La Boca, en Buenos los inmigrantes que hicieron la ciudad moderna. La hicieron como el mundo que conocían, como los puertos y el mar que dejaron atrás: con gente de puerto que mira el mar infinito y gente de mar, que ansía nuevas tierras. Algo así, referido a su natal Sicilia, le escuché decir a Giovanna Giordano, la escritora italiana.
Hoy en las ciudades tenemos genes de ambos. Disfrutamos la tierra firme pero las ansias de nuevas tierras nos empujan al mar. Inestable, efímera, transitoria, es la ciudad que hicimos después de mucho deambular.
Pabellón de Portugal en la Expo’98. Lisboa, Portugal
El centro de la Exposición de 1998 en Lisboa fue el pabellón del país anfitrión y el centro del centro fue la enorme plaza cubierta que como un gran atrio enmarca la vista al río Tajo, puerto de conquistadores, comerciantes y marinos que recorrieron el planeta.
Pero lo fantástico del pabellón es el enorme y delgado toldo de concreto armado que cubre el espacio; tal vez, la estructura arquitectónica más liviana, ágil y elegante que conocí: una catenaria perfecta que deja libre el ámbito de la plaza.
Sin embargo, la sensación de libertad bajo el toldo se transforma en opresión hasta que se descubre, en los bordes. allí donde el concreto deja ver los gruesos hierros que lo estructuran, el amarre a los edificos que, como pórticos, lo sostienen ¿Por qué necesitamos descubrir los soportes escondidos de la arquitectura para confiar en ella?


Ciudad de Panamá. Panamá
El paisaje físico es un constructor de culturas, aunque también es válida la inversa: cada cultura define su propio paisaje; se puede formular, entonces, una doble hipótesis: el paisaje construye la cultura, y la cultura construye el paisaje.
La cultura conforma y define los acontecimientos y también se expresa a través de ellos, transforma el espacio en lugar. El paisaje es una expresión de esos acontecimientos y es, también, un acontecimiento en sí mismo, porque permite reconocer la identidad del lugar.
Recova de la Plaza de Armas, Lima, Perú
En las décadas de 1930 y 1940 se renovó el marco de la Plaza de Armas de Lima, la vieja Plaza Mayor. Se borró su pasado colonial, aunque se intentaron conservar algunos gestos, como balcones y ventanas en los nuevos edificios de volumetría moderna. La plaza ornamentada, como se la definió en ese momento, se alejó de sus habitantes, se perdieron las mil anécdotas cotidianas y la vida urbana se refugió en las recovas o portales de los nuevos edificios que rodearon dos lados de la plaza.
El ámbito se convirtió en el espacio del poder, un jardín focalizado en el Palacio de Gobierno Nacional, flanqueado por la catedral y los edificios modernos. A mediados de los años 40 se decidió unificar el nuevo entorno con un lenguaje neocolonial pero no hay gestos historicistas que puedan remplazar a la historia.



Pabellón Suizo, Ciudad Universitaria. París, Francia.
La iglesia de la Parigoritissa se confundía con las últimas luces de la tarde en Arta. En el entorno blanco apenas distinguíamos el cubo con ventanas y los cilindros que contienen las cúpulas de la cubierta.
El interior es tan sorprendente que borra las rígidas imágenes de la fachada: adentro no se sienten los muros, solo hay tensiones, fuerzas que llevan la mirada a la cúpula central a través de un juego de columnas y planos. Un organismo de esqueleto y piel visto desde el interior.
Plaza cubierta. Universidad Central de Venezuela. Caracas
Michel Serres señala que por la forma certera podemos deducir el contenido de una caja, en tanto que el contenido de una bolsa es incierto, pero entre la rigidez de la caja y la arbitrariedad de la forma de una bolsa hay un intermedio que Serres llama pliegue. En su ligereza, el pliegue implica un volumen y construye un lugar, indica las relaciones de posición, el estar ahí y sus relaciones con el exterior.
La Plaza Cubierta de Carlos Raúl Villanueva es un pliegue en el tejido de la Universidad Central de Venezuela y en sus recorridos: allí ocurren las citas, los encuentros y desencuentros, los amores y las amistades, las esperas y las impaciencias; es el lugar de la universidad, el lugar de su gente; es un pliegue en la vida universitaria.


Villa Adriana. Tivoli, Italia
Sobre el plano del agua, en el estanque de la villa que mandó a construir el emperador Adriano cercana a Roma en el siglo II, se refleja con nitidez el entorno.
Los reflejos duplican las realidades, es una situación doble que encierra una verdad y una mentira. Ambas son válidas y juntas conforman una nueva realidad en la que ambos términos son inseparables y cada uno de ellos existe porque ahí, muy cerca, está el otro para confrontarlo o completarlo.
Algunas veces, cambiando el reflejo podemos cambiar una realidad. Basta mover ligeramente el plano del agua.
Conjunto de viviendas en el Gallaratesse. Milán, Italia
A través de los libros de Carlo Aymonino reafirmé mi cariño por la ciudad. Ese sentimiento se convirtió en emoción cuando leí en Arte, archittetura e città que la ciudad es un conjunto de texturas turbulentas, intrincadas y variadas. Pensé una vez más en mi ciudad de La Plata y en algunas de sus esquinas, esas que enloquecen a los visitantes. Pero entendí el sentido de la frase cuando visité el conjunto del Gallaratesse en Milán: la violenta expresión de los materiales, el vibrante color, la intrincada red de senderos peatonales elevados y a nivel, los espacios comunes en los edificios y en los exteriores, todo me mostraba una máquina para vivir en comunidad, articulada y vital que se frenaba en el tercer pabellón, el que diseñó Aldo Rossi, invitado por Aymonino, con el lenguaje limpio y la asepsia de la arquitectura moderna.
La ciudad, como la vida, va más allá de las formas, ambas se manifiestan en las turbulencias, en la variedad y en los lugares y momentos intrincados.



Biblioteca de Celso en Éfeso, Turquía
Algunos dicen que la arquitectura brota desde los cimientos, como un árbol desde sus raíces; otros dicen que se apoya en el suelo. En la fachada de la biblioteca de Celso, en Éfeso las columnas encuentran el suelo a través de unos basamentos compuestos por elementos de diversas formas y muy articulados que parecen acercarse con infinito cuidado a tocar el piso del estilóbato. ¿Cómo es ese encuentro de la fachada con el terreno?
Entre la arquitectura y el suelo hay un límite y éste, por definición es un término al que es posible acercarse indefinidamente sin poder jamás alcanzarlo ¿Es ése el misterio de esta fachada que parece flotar, casi inestable, sobre el suelo de Éfeso.